Quien conserva un Marantz de los años setenta conoce bien la costumbre de encenderlo antes de escoger un disco. Hay una manera de usar ese equipo, una posición favorita para escuchar y unos parlantes cuyo sonido ya resulta familiar. Después ponemos un concierto en el televisor y dejamos que la batería, el bajo y las voces salgan por los pequeños altavoces de la pantalla. Leer más
