Una colección empieza ocupando un rincón y, sin avisar demasiado, termina negociando espacio con los libros, la ropa y los demás habitantes de la casa. Llegan los dobles, las carpetas desplegables y las cajas de aniversario; el estante se aprieta y sacar un disco se vuelve una operación de fuerza. En ese punto vale la pena detener las compras un momento y mirar cómo estamos guardando lo que ya tenemos. Cada funda torcida y cada carpeta aplastada cuentan algo sobre el mueble que escogimos.
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