Recreación editorial de Black Pantera en el escenario Eco, vista desde lejos

Black Pantera en Rock al Parque 2025: bajo, groove y un debut para seguir escuchando

(La imagen ha tenido modificaciones con IA)

Entre los debuts internacionales de Rock al Parque 2025, Black Pantera ofrecía una razón para apartarse del recorrido más previsible del sábado. El trío de Uberaba, Brasil, estaba anunciado para el escenario Eco el 21 de junio, a las seis y media de la tarde, después de Keep the Rage. Su propuesta reunía metal, punk y un trabajo rítmico donde el bajo tiene una presencia decisiva. Para un festival que permite descubrir bandas sin comprar una entrada, esa visita era una oportunidad de escuchar un proyecto con identidad propia y luego llevarlo a la conversación de los discos.

El grupo nació en 2014 por iniciativa de los hermanos Charles Gama, cantante y guitarrista, y Chaene da Gama, bajista y encargado de coros. Rodrigo “Pancho” Augusto completa la formación en batería. Esa distribución de funciones permite entender el sonido antes de recurrir a una lista de influencias: una guitarra debe sostener la armonía y el ataque, el bajo puede ocupar un espacio mucho más activo, y la batería organiza el movimiento entre los dos instrumentos.

Un bajo que cambia la manera de escuchar al trío

Uno de los momentos registrados del concierto fue el homenaje de Chaene a Cliff Burton mediante “(Anesthesia) – Pulling Teeth”. El gesto tenía una referencia reconocible para los seguidores de Metallica, pero también ayudaba a situar el papel del instrumento dentro de Black Pantera. Darle ese lugar al bajo en una presentación de metal permite que el público atienda a timbres y articulaciones que a veces quedan ocultos detrás de la guitarra.

La técnica de slap forma parte del vocabulario del bajista. Su ataque produce un golpe percutivo que se incorpora al ritmo y modifica la relación con la batería. En un trío, cada silencio de la guitarra puede dejar al descubierto esa conversación; cada regreso del riff vuelve a reunir los instrumentos sobre el pulso. Allí aparece buena parte del atractivo de Black Pantera para quien disfruta seguir una línea de bajo sin dejar de escuchar la canción completa.

Me interesa ese equilibrio porque el virtuosismo instrumental se vuelve más significativo cuando organiza lo que sucede alrededor. Un bajista puede llenar muchos espacios, pero el verdadero efecto está en cómo esas notas sostienen o desplazan el acento, permiten respirar a la voz y preparan el siguiente cambio. Black Pantera invita a esa escucha por capas, aun cuando su música conserva la rapidez de respuesta que asociamos con el punk y el hardcore.

Las canciones detrás del descubrimiento

La banda llegó a Bogotá con Perpétuo, publicado en 2024, dentro de su catálogo. Ese álbum ofrece una continuación útil para el interés que despertó su presentación. Escucharlo en orden permite familiarizarse con el intercambio entre voz, guitarra y sección rítmica, y reconocer cuándo el grupo utiliza la densidad del metal o abre espacio para un movimiento más cercano al funk.

En casa, el disco permite seguir al trío sin la distracción que puede producir una imagen tan fuerte como la de un bajista saltando sobre la tarima. Allí queda la relación entre los instrumentos y la voz, con tiempo para volver sobre una transición o reconocer un acento que pasó rápido. El homenaje a Burton puede despertar la curiosidad inicial; el catálogo ofrece más motivos para conservar el nombre de Black Pantera entre las bandas que queremos seguir escuchando.

Recreación editorial de Black Pantera en encuadre completo
(La imagen ha tenido modificaciones con IA)

Un debut con discurso propio

Black Pantera también llevó al festival mensajes contra el racismo, la exclusión y la violencia. En el trabajo de tres músicos negros brasileños, esos asuntos forman parte de una posición sostenida desde la banda. La cercanía entre el metal y la denuncia social tiene aquí una dimensión concreta: quiénes ocupan el escenario, desde qué ciudad llegan y qué experiencias ponen en sus canciones.

El idioma portugués añadía otro matiz dentro de una programación con una amplia presencia latinoamericana. A menudo, los recorridos habituales por el rock de la región se concentran en lo que se canta en español y dejan a Brasil asociado a unos pocos nombres conocidos. Un debut como este sirve para ampliar la escucha y recordar que hay circuitos, músicos y discursos que merecen un seguimiento más allá de la primera curiosidad.

Su lugar después de Keep the Rage también merece atención. La agrupación bogotana formaba parte de las propuestas distritales seleccionadas para esta edición y tuvo un turno avanzado en la tarde, antes del cierre internacional del Eco. Esa programación permitía que una audiencia atraída por Black Pantera encontrara antes un proyecto de la ciudad. Para las bandas locales, compartir ese recorrido con un invitado internacional puede ser una ocasión de llegar a personas que todavía no las han escuchado.

El interés que provoca un estreno debería poder seguirse unas semanas después. En mi caso, el criterio es sencillo: volver al catálogo, leer los créditos y buscar las publicaciones directas de la banda. Así se comprende mejor una propuesta que en el cartel cabe en una sola línea. También se evita convertir al grupo en una anécdota de festival, por vistoso que haya sido un solo de bajo o por reconocible que resulte su referencia a Metallica.

Para continuar ese recorrido, vale la pena escuchar Perpétuo prestando atención a la sección rítmica y regresar luego a las grabaciones anteriores del trío. En el canal de A 33 Revoluciones seguimos conversando sobre los discos que dejan ganas de buscar más música y sobre los espacios que los acercan a Bogotá. El debut de Black Pantera pertenece a esas visitas cuyo interés crece cuando el oyente sigue al grupo después de abandonar el parque.