1280 Almas en una fotografía de archivo de Bogotá

1280 Almas presenta Los Planetas: rock en familia en el Planetario

1280 Almas en el Festival Gabo, Bogotá, 5 de julio de 2024. Foto: Jacobo Nájera, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Recorte y redimensionado bajo la misma licencia; no representa la función futura de Los Planetas.

Muchos aprendimos a reconocer una banda antes de saber leer una portada. Un disco sonaba en casa, alguien lo repetía durante un viaje y la voz terminaba volviéndose familiar. La posibilidad de compartir ese primer contacto cambia cuando llega el momento de escoger un concierto para asistir con niños. Hay horarios, condiciones de ingreso y formatos de presentación que conviene mirar con atención. La próxima propuesta de 1280 Almas en el Planetario de Bogotá ofrece una fecha pensada alrededor de ese encuentro familiar con el rock.

Los Planetas tendrá dos funciones el sábado 3 de octubre, a las once de la mañana y a las tres de la tarde. La programación de Idartes vincula a la banda con el libro infantil del mismo nombre escrito por Fernando Del Castillo, su cantante, y con una puesta en escena que integra música en vivo y visuales. Es una cita próxima, anunciada para el domo; todavía falta escuchar cómo se desarrolla y qué relación construye entre sus materiales.

Un grupo bogotano frente a oyentes de varias edades

La trayectoria de 1280 Almas permite que en una misma familia existan recuerdos muy distintos de la banda. Alguien puede conocer un álbum desde hace años y otra persona identificar apenas un par de canciones. En una función de estas características, esa diferencia abre una conversación: podemos compartir lo que escuchamos sin exigir que todos tengan la misma historia con el repertorio.

Me atrae esa posibilidad porque el primer encuentro con la música suele ser más amplio que una explicación de géneros. Un niño puede seguir el ritmo de la percusión, preguntar por una guitarra o recordar una frase de la voz. Después llegan los nombres y los discos. Los adultos podemos acompañar esa curiosidad dejando espacio para las preguntas, en lugar de convertir cada canción en una lección sobre nuestras bandas favoritas.

El rock, el punk, el ska y los ritmos latinoamericanos que conviven en el trabajo de las Almas ofrecen varios puntos de atención. Esos recursos pertenecen a su lenguaje y permiten conversar sobre instrumentos y arreglos a partir de ejemplos que podemos escuchar. Para preparar la visita, vale la pena escoger algunas grabaciones por los canales oficiales y observar cuáles despiertan interés en casa. El repertorio definitivo de la función dependerá de lo que presente la banda.

El libro de Fernando Del Castillo y la experiencia del domo

La relación con Los Planetas introduce otra faceta del trabajo del cantante. El libro infantil forma parte de la propuesta anunciada y permite acercarse a una obra escrita desde un contexto diferente al de las canciones. Música, narración e imagen pueden dialogar en un espectáculo familiar, aunque habrá que asistir a la función para conocer la forma concreta que toma ese encuentro.

El Planetario añade una disposición especial para la atención del público. La superficie del domo permite trabajar con proyecciones alrededor de los espectadores, y esa característica influye en la manera de mirar mientras se escucha. Un cambio de imagen puede acompañar el recorrido de una canción; también puede proponer otro ritmo visual. La coordinación entre esos elementos requiere decisiones que merecen atención por sí mismas.

Interior del Planetario de Bogotá en una fotografía de archivo
Interior del Planetario, archivo del 10 de agosto de 2014. Foto: Remux, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen redimensionada bajo la misma licencia; no corresponde a Los Planetas.

Para quien comparte la visita con un niño, conocer previamente el lugar puede ayudar a explicar qué encontrará: una función en un recinto cerrado, con proyecciones y música en vivo. Las expectativas se vuelven más claras cuando hablamos del formato y del tiempo previsto en la información oficial. El interés de la experiencia está en descubrirla juntos, con la posibilidad de que cada uno siga detalles diferentes.

Preparar la salida y revisar las condiciones de ingreso

La programación contempla dos horarios y boletería por TuBoleta. Como el Planetario pertenece a la red pública de Idartes, conviene recordar que sus actividades pueden tener condiciones distintas entre sí. Para esta cita hay que consultar la función elegida, la disponibilidad de entradas y los requisitos de ingreso antes de desplazarse. Las reglas aplicables a menores y acompañantes deben confirmarse en el anuncio vigente y en el proceso de compra.

También recomiendo reservar tiempo para llegar sin afán y ubicar el acceso correspondiente. En una salida familiar, pequeños detalles de organización pueden cambiar la experiencia: conocer la hora de apertura, revisar lo que incluye la entrada y conservar la confirmación de compra. Si hay dudas sobre duración, accesibilidad o condiciones particulares, el escenario es el lugar adecuado para resolverlas con información actual.

Llevar la conversación de vuelta a casa

Después de un primer concierto podemos regresar a la música con preguntas sencillas. Qué instrumento llamó la atención, cuál fue el momento que cada uno recuerda o qué canción quiere escuchar de nuevo. Un álbum permite continuar ese recorrido y relacionar las voces con los créditos. Si tenemos una edición física, su portada y su libreto pueden ayudar a reconocer a quienes participaron en la grabación.

Esa cercanía también exige cuidar los discos y el equipo. Para mostrar un vinilo, conviene acompañar su manipulación por los bordes y explicar con calma cómo se coloca en el plato. La curiosidad por el objeto puede crecer junto con la música. Con otros formatos, podemos compartir el orden del álbum y leer la información disponible mientras suena, manteniendo un volumen cómodo para todos.

Los Planetas propone una próxima ocasión para encontrarnos con 1280 Almas desde otra etapa de la vida. El 3 de octubre, sus dos funciones abrirán esa conversación bajo el domo del Planetario. Mientras llega la fecha, pasa por el canal de A 33 Revoluciones y acompáñanos a seguir el rock colombiano, sus discos y las experiencias que podemos compartir alrededor de ellos.

Interior del domo del Planetario de Bogotá

The Virginia Valley en el Planetario: Amnesia Colectiva bajo el domo

Ilustración editorial con IA del domo, basada en una fotografía de Remux de 2014, Wikimedia Commons. Adaptación CC BY-SA 4.0. No representa la función anunciada.

Hay discos que piden bajar la luz del cuarto y prestar atención a lo que ocurre detrás de la melodía. Una guitarra con reverberación, una caja de ritmos y un sintetizador pueden compartir pocos elementos y, aun así, construir un ambiente reconocible. En ese territorio se mueve The Virginia Valley, el proyecto de Medellín que presentará Amnesia Colectiva el sábado 18 de julio en el domo del Planetario de Bogotá. La función anunciada por Idartes combina música en vivo y visuales en un espacio que obliga a pensar la relación entre ambas.

La fecha me interesa por esa posibilidad de escuchar un grupo colombiano fuera del escenario habitual de un bar. El Planetario ofrece un marco diferente para una propuesta donde la imagen forma parte de la identidad artística. Quien espere una reseña de lo que ocurrirá esa noche tendrá que aguardar al concierto; por ahora tenemos una cita confirmada y suficientes razones musicales para acercarnos a su catálogo antes de ocupar la silla.

De Medellín al encuentro entre guitarras y máquinas

Pablo Melo, conocido como Melov, y Tattiana Echeverri, LeTatt, forman el núcleo de The Virginia Valley. Su propuesta reúne electroclash, darkwave y synthpop, con una cercanía al postpunk que ayuda a situarla para quienes vienen del rock. Las guitarras de raíz surf, los sintetizadores y las cajas de ritmos conviven en ese lenguaje. Amnesia Colectiva es su tercer álbum de larga duración y ocupa el centro de esta presentación.

Esas etiquetas ofrecen un mapa inicial, aunque conviene escuchar cómo se relacionan los instrumentos. Una guitarra cargada de efectos puede ocupar la parte alta de la mezcla mientras una secuencia mantiene el pulso. La voz necesita encontrar espacio entre ambas. Cuando ese equilibrio funciona, la canción conserva su forma incluso si el arreglo incorpora capas adicionales. Para un melómano que disfruta seguir una producción, allí hay varios puntos de entrada.

También resulta útil distinguir un timbre de su procedimiento. Una caja de ritmos puede evocar una época sin que toda la grabación se haya realizado con equipos antiguos. La reverberación puede acercarnos al surf o al postpunk, pero su empleo cambia según la duración de las notas y la relación con la voz. Prefiero escuchar esas decisiones antes que reducir el proyecto a una lista de influencias; de otro modo, la comparación termina ocupando el lugar de las canciones.

Amnesia Colectiva y el trabajo con la imagen

La presentación anunciada para Bogotá vincula el disco con asuntos de memoria, identidad y nostalgia. Es un punto de partida que admite muchas formas de escritura y de puesta en escena. Una imagen repetida, una transición o un cambio de color pueden relacionarse con una canción sin ilustrar literalmente cada verso. El interés está en observar cómo el grupo organiza esos materiales y qué continuidad construye entre ellos.

La banda ha desarrollado piezas audiovisuales para su música, y el domo permite plantear esa relación en una superficie distinta a una pantalla frontal. Como espectador, me atrae la posibilidad de que una proyección tenga duración y recorrido propios, mientras la interpretación sigue respirando. El resultado dependerá de la función; todavía sería prematuro describir la sincronización, el sonido o las imágenes como si ya los hubiéramos visto.

Domo del Planetario de Bogotá en una fotografía de archivo
Planetario de Bogotá, fotografía de archivo del 10 de agosto de 2014: Remux, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen redimensionada; la adaptación conserva esta licencia.

Para preparar la escucha, recomiendo recorrer el álbum por su orden y luego regresar a los pasajes que llamen la atención. Escucharlo una vez con audífonos y otra con parlantes puede revelar cambios de perspectiva: las primeras permiten seguir detalles discretos, mientras los segundos muestran cómo se relacionan las capas dentro de una habitación. Conviene mantener un volumen cómodo; aumentar el nivel puede hacer más evidente una textura, pero también fatigar el oído antes de terminar el disco.

Una fecha de Idartes que amplía el circuito

Que un proyecto de Medellín llegue a un escenario público de Bogotá permite mirar la circulación entre ciudades. En Colombia seguimos muchas bandas a través de publicaciones digitales, pero los encuentros presenciales necesitan lugares, programación y equipos de trabajo. Una función como esta pone en contacto un catálogo con una audiencia que puede reconocerlo por primera vez o escucharlo en condiciones diferentes a las de su casa.

El Planetario forma parte de esa conversación por la clase de experiencia que propone. Aquí la disposición del recinto y la proyección intervienen en la atención del público. Vale la pena considerar esas características al comprar la entrada: quien busque un concierto para moverse frente a una tarima encontrará un formato diferente. La información anunciada sitúa la función el 18 de julio a las 8:30 p. m.; antes de salir, hay que revisar la hora de ingreso y las condiciones de la boleta en los canales del escenario.

Escuchar el catálogo antes de elegir la canción favorita

En nuestra colección suelen ganar espacio los discos que admiten varias visitas. La primera escucha puede quedarse con una melodía; la segunda encuentra una línea de bajo; después aparecen relaciones entre canciones que habían pasado inadvertidas. Darle ese tiempo a una agrupación colombiana ayuda a formar una opinión propia y evita que toda la conversación dependa de una clasificación rápida.

La cita de The Virginia Valley ofrece una razón para practicar esa escucha y seguir el recorrido de Amnesia Colectiva. Si te interesa conversar sobre producciones, formatos y bandas que cruzan guitarras con electrónica, visita el canal de A 33 Revoluciones. Nos seguimos encontrando allí, entre discos que ya conocemos de memoria y proyectos que todavía pueden cambiar una tarde de escucha.