Recreación editorial de la actriz que interpreta a la Pola en el concierto de Polikarpa y sus Viciosas

Polikarpa y sus Viciosas en Rock al Parque 2025: punk bogotano con memoria

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En el regreso de Polikarpa y sus Viciosas a Rock al Parque hubo un detalle que ayuda a recordar la presentación con precisión: una actriz llevó a escena a Policarpa Salavarrieta y participó con intervenciones a lo largo del concierto. El sábado 21 de junio de 2025, el escenario Bio recibió a una banda bogotana cuya relación con el festival viene desde su primera edición. El recurso teatral enlazó el nombre del grupo con una figura histórica y permitió desarrollar el mensaje mediante algo más que las canciones.

La presentación estaba programada para las cinco y cincuenta de la tarde. Compartía jornada en el Bio con Mortalem, Okinawa Bullets, Mawiza, Sin Pudor, Parabellum y A.N.I.M.A.L., una secuencia donde convivían distintas formas de entender el peso, la protesta y la identidad latinoamericana. Dentro de ese recorrido, las Polikarpa traían una historia propia: tres décadas de punk feminista, actividad política y autogestión desde Bogotá.

La Pola dentro del concierto

La intervención de la actriz es importante porque ofrece una entrada concreta a la puesta en escena. Recuperar a Policarpa Salavarrieta en un concierto de punk vincula una memoria histórica con preguntas que el grupo ha trabajado durante años: el lugar de las mujeres, la violencia y las posibilidades de intervenir en la vida pública. La figura que da nombre a la banda podía participar en el relato escénico en vez de quedar únicamente como una referencia escrita sobre una camiseta.

El teatro también modifica la forma de organizar la atención. Una canción lleva su propio ritmo, mientras una intervención hablada puede pedir otra escucha y abrir un espacio entre los golpes de batería y la distorsión. Que la actriz apareciera en distintos momentos permitía integrar ese recurso al desarrollo de la presentación. Para mí, allí está lo más interesante de esta decisión: utilizar la duración de un concierto para construir una relación entre las canciones y una historia que vuelve a ser contada.

Esa lectura tiene sentido dentro de una banda que ha sostenido el feminismo como parte de su trabajo. Sus integrantes han descrito las dificultades de abrirse paso en escenarios dominados por hombres y la importancia del apoyo de otras mujeres para persistir. Esa experiencia da contexto al regreso de 2025. El lugar alcanzado en una tarima pública es resultado de un recorrido musical y de las condiciones que les tocó enfrentar para mantenerlo.

Un sonido que necesita que las palabras lleguen

El punk admite muchas formas de producción, pero en una propuesta de denuncia la relación entre voz e instrumentos tiene un peso particular. La guitarra puede trabajar con acordes compactos, la batería acelerar una frase y el bajo sostener la continuidad; al mismo tiempo, la letra necesita conservar una intención que el oyente pueda seguir. Esa tensión entre urgencia y claridad es una buena manera de acercarse a Polikarpa y sus Viciosas cuando se regresa a sus grabaciones.

Escuchar con atención evita que una banda política quede resumida en sus consignas. Hay decisiones de composición que hacen circular las palabras, estribillos que fijan una idea y pausas que cambian su énfasis. Me parece más provechoso seguir esos detalles que limitar el comentario a cuánto ruido producen. En el punk, la economía instrumental puede exigir tanta precisión como un arreglo más recargado, porque cada entrada y cada cambio quedan muy expuestos.

Recreación editorial de la intervención teatral de la Pola, imagen completa
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Treinta años de trabajo dentro de la escena local

La presencia de las Polikarpa en la primera edición de Rock al Parque permite trazar una relación larga con el festival. En 2025 eran parte de los invitados bogotanos junto con Don Tetto y La Derecha, aunque sus conciertos ocurrieron en jornadas y escenarios diferentes. Esa precisión importa: la memoria de una edición se construye conservando quién tocó, dónde lo hizo y qué propuesta presentó.

También importa cómo se cuenta una trayectoria de esa duración. Hay agrupaciones que permanecen durante años gracias a formas de trabajo que rara vez caben en un cartel: ensayar, producir material, organizar conciertos, sostener vínculos y resolver cómo circular fuera de la ciudad. En el caso de las Polikarpa, la autogestión y el activismo ayudan a entender la continuidad de una propuesta que se ha abierto camino dentro y fuera de Colombia.

El festival organizado por Idartes ofrecía un espacio para que esa historia llegara a públicos distintos del circuito punk habitual. Una presentación de entrada libre puede reunir a seguidores antiguos y a personas que escuchan a una banda por primera vez. Para el grupo, ese encuentro permite volver a poner sus canciones en circulación; para el oyente nuevo, deja la posibilidad de seguir el catálogo y buscar los lugares donde esa música se mantiene activa durante el resto del año.

La escena bogotana necesita esa continuidad. Después de la tarima grande vienen los conciertos pequeños, los ensayos y las nuevas grabaciones, y allí se comprueba si el interés despertado durante el festival se convirtió en una relación más duradera. Volver a escuchar a Polikarpa y sus Viciosas, leer sus letras y seguir sus publicaciones directas es una manera de prolongar lo que su regreso puso en discusión.

En A 33 Revoluciones nos interesa conversar sobre esas historias con tiempo para la música y para quienes la hacen. Los invitamos a visitar nuestro canal de YouTube y seguir el podcast. La presentación de junio de 2025 merece conservarse por sus decisiones escénicas y por el recorrido de una banda que ha dado al punk colombiano una voz reconocible desde Bogotá.

Recreación editorial de Dismember sobre el escenario Plaza, vista desde lejos

Dismember en Rock al Parque 2025: el cierre sueco del sábado metalero

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El debut de Dismember en Rock al Parque quedó reservado para el último turno del escenario Plaza, el sábado 21 de junio. Después de una jornada que había reunido distintas generaciones del metal colombiano y nombres internacionales como Hirax y Belphegor, los suecos cerraron con un repertorio que permitía recorrer buena parte de su historia. Para quienes conservan sus discos, aquella visita tenía un interés particular: escuchar en un festival público de Bogotá canciones que durante años habían circulado en ediciones importadas, copias de intercambio y recomendaciones entre amigos.

La programación anunciaba su presentación a las nueve de la noche. El lugar que ocupaban en el cartel reconocía el peso de una banda fundamental para el death metal de Estocolmo, pero también abría una posibilidad bastante concreta: que alguien llegara por curiosidad, sin conocer una portada ni haber comprado una boleta, y se encontrara con ese sonido. Esa clase de acceso sigue siendo una de las razones para defender Rock al Parque. Una agrupación de culto puede tener allí una audiencia que desborda a sus seguidores habituales.

Un repertorio con varias entradas al catálogo

El registro del concierto incluye “Pieces”, “Soon to Be Dead”, “Casket Garden”, “Skin Her Alive” y “Dreaming in Red”, entre otras canciones. La selección reunía material del debut, de Indecent & Obscene y de Massive Killing Capacity, además de piezas de otras etapas. Conviene detenerse en esa variedad porque Dismember suele quedar reducido, en conversaciones rápidas sobre el género, al prestigio de Like an Ever Flowing Stream.

Publicado en 1991, aquel primer álbum ofrece una entrada extraordinaria a la banda. Sus guitarras tienen una aspereza que deja las notas pegadas entre sí, mientras los cambios de batería mantienen el movimiento dentro de esa masa de distorsión. El trabajo fue grabado en Sunlight Studios con Thomas Skogsberg, un dato útil para entender su lugar dentro de una escena que estaba definiendo una forma reconocible de producir metal extremo. Sin embargo, escucharlo como una receta de equipo y pedales deja por fuera lo principal: las canciones y la manera en que están construidas.

“Soon to Be Dead” y “Skin Her Alive” permiten seguir esa escritura de cerca. Hay ataques breves, aceleraciones y pasajes donde el riff se sostiene lo suficiente para volverse familiar antes de que la banda cambie de dirección. La voz gutural se integra a la textura instrumental sin borrar el pulso. Es una música que admite la escucha atenta y también explica por qué una audiencia puede reconocerla de inmediato en una tarima grande.

La melodía dentro de la distorsión

“Dreaming in Red” merece un espacio propio en este recorrido. Su presencia en el concierto recuperaba una de las facetas más atractivas de Dismember: el uso de melodías que conservan una sensación sombría, incluso cuando el dibujo de la guitarra resulta fácil de seguir. A mí me interesa especialmente esa capacidad de dejar una frase rondando en la cabeza después de una canción abrasiva. La memoria del oyente se aferra a un motivo pequeño y, desde allí, vuelve al resto del tema.

Massive Killing Capacity, de 1995, ampliaba ese territorio. “Casket Garden” y “On Frozen Fields”, también recogidas en el registro del sábado, muestran por qué vale la pena regresar a ese disco con tiempo. El fraseo, los medios tiempos y las guitarras que se contestan entre sí dan otra perspectiva del grupo. En una colección, tener varios títulos de Dismember permite seguir esas decisiones; comprar únicamente el debut deja una parte importante de la conversación pendiente.

Recreación editorial de la presentación de Dismember en formato completo
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Dismember dentro de una jornada con historia colombiana

La visita ocurrió en un sábado que también contó con Herejía, Tenebrarum, Reencarnación, Devasted y Somberspawn en el Plaza. Cada nombre llegaba desde un proceso diferente, y esa convivencia ayudaba a leer el cartel con más cuidado. Había trayectorias colombianas de larga duración y proyectos distritales compartiendo una jornada con referentes que han influido sobre músicos de muchas ciudades.

Resulta tentador medir un festival únicamente por el invitado que cierra. En este caso, el recorrido previo daba motivos para prestar atención a cómo se había formado la audiencia de ese cierre. Un seguidor de Reencarnación podía terminar frente a Dismember; alguien atraído por los suecos podía descubrir a una banda bogotana unas horas antes. Esa circulación tiene valor cuando continúa después del festival, con una búsqueda de grabaciones, una compra directa o la asistencia a un concierto de menor aforo.

La primera presentación de Dismember en Rock al Parque puso ese catálogo al alcance de una ciudad con una relación larga con el metal extremo. El cierre del Plaza reunía canciones de distintas épocas y dejaba espacio para reconocer la continuidad del grupo, desde los primeros discos hasta trabajos posteriores. Para mí, la presencia de material de varios álbumes hacía especialmente interesante el repertorio: permitía seguir a la banda más allá de la canción que cada seguidor llevaba como favorita.

Para seguir este recorrido en casa, pondría primero Like an Ever Flowing Stream y después Massive Killing Capacity, dejando que cada álbum termine antes de pasar al siguiente. Quien tenga una edición en vinilo puede aprovechar el cambio de cara para reconocer cómo se distribuye la tensión entre las canciones. Y si quiere conversar sobre esos discos, las reediciones y el metal que llega a Bogotá, lo esperamos en el canal de A 33 Revoluciones. El sábado dejó una buena razón para volver a Dismember con los oídos puestos en todo su catálogo.