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El lunes 23 de junio, el escenario Bio de Rock al Parque 2025 reunió una secuencia que merece recordarse con sus nombres completos: Comeback Kid, Grito y Madball. Los canadienses estaban anunciados para las cinco y cuarenta de la tarde; el turno de la banda de Medellín seguía a las seis y cuarenta y cinco; los neoyorquinos cerraban ese tramo desde las siete y cuarenta. La programación ofrecía una tarde de hardcore con distintas procedencias, y el proyecto colombiano tenía un lugar propio entre dos invitados internacionales de amplia trayectoria.
Antes habían figurado Metal Sevicia, Somer, Sin Nadie al Mando y K93 en el recorrido del Bio. Ese comienzo ayudaba a situar la jornada dentro de la música hecha en el país, mientras en los otros escenarios avanzaba el cierre del festival. La posibilidad de escoger entre tarimas es parte de Rock al Parque; también obliga a aceptar que cada asistente termina construyendo un recorrido diferente. Quedarse en el Bio significaba seguir una línea musical que tenía suficiente contenido para sostener su propia conversación.
Comeback Kid y una canción que cumple veinte años
Comeback Kid llegaba en un año significativo para Wake the Dead. El álbum fue publicado en febrero de 2005 y, dos décadas después, la banda presentó una nueva versión de la canción que le da título. Ese aniversario aporta contexto a su visita a Bogotá y permite regresar a un disco que conserva un lugar importante entre los oyentes de hardcore melódico.
Lo que me interesa de ese lenguaje es la manera en que las voces pueden abrir espacio dentro de una instrumentación muy rápida. La guitarra empuja con ataques cortos, la batería mantiene una tensión continua y, cuando aparece un coro compartido, la canción cambia de escala. Las melodías ayudan a recordar una frase sin volver liviano el acompañamiento. Esa combinación explica parte del alcance que tuvo Comeback Kid más allá de un circuito estrictamente especializado.
Escuchar Wake the Dead completo permite seguir cómo se distribuyen esas decisiones a lo largo del álbum. Sus canciones tienen la cercanía necesaria para que una frase se vuelva familiar y una instrumentación que exige atención al ritmo. Volver al disco veinte años después ayuda a reconocer ese equilibrio y a entender por qué Comeback Kid conserva una relación tan fuerte con sus oyentes. La visita de junio ofrecía un buen motivo para retomarlo con tiempo.
Grito en medio del recorrido internacional
El turno de Grito daba al bloque una perspectiva colombiana. La banda comenzó en Medellín en 1999 y su primera aparición discográfica bajo el nombre XgritoX estuvo vinculada a la recopilación Hardcore Reality – Colombia en tu cara. Esa procedencia remite a una forma de circular la música que sigue siendo valiosa para el coleccionista: compilados donde varias agrupaciones comparten un soporte y dejan constancia de una escena en un momento determinado.
Un disco de ese tipo permite escuchar relaciones. Aparecen bandas con niveles de producción diferentes, canciones que después adquieren otra versión y nombres que el oyente puede seguir durante años. El interés histórico se conserva incluso cuando la calidad de grabación es irregular. Por eso vale la pena leer los créditos y guardar estos materiales con el mismo cuidado que damos a una edición internacional más costosa.
Que Grito estuviera programado entre Comeback Kid y Madball favorecía una lectura de su recorrido dentro del género. Había un proceso de Medellín compartiendo una tarde con dos historias extranjeras, ante el público de un festival gratuito en Bogotá. Para una escena que necesita circulación entre ciudades, ese lugar ofrece una oportunidad de ampliar la escucha y darle continuidad al trabajo más allá del público que ya conoce sus canciones.

Madball y el peso del hardcore neoyorquino
Madball aportaba otra forma de organizar la intensidad. La banda de Nueva York, encabezada por Freddy Cricien, está asociada a un hardcore donde los acentos de guitarra y batería preparan espacios para el movimiento del público. Los medios tiempos, los cortes y la voz al frente permiten seguir una estructura reconocible incluso cuando la canción utiliza muy pocos elementos.
Ese trabajo rítmico resulta especialmente interesante al lado del componente melódico de Comeback Kid. Escuchar ambas propuestas ayuda a distinguir maneras diferentes de construir un tema dentro del hardcore: cuánto espacio se deja a un coro, cómo se prepara un cambio de velocidad y de qué forma entra la voz. Grito completaba el recorrido desde su propia historia colombiana. La secuencia tenía valor porque ponía esas músicas en relación durante una misma jornada.
El balance del festival destacó este encuentro entre las tres bandas dentro de una edición organizada por Idartes. Para quienes seguimos la escena local, el dato que merece atención es el lugar concedido a una agrupación nacional en un bloque de tanta visibilidad. Esa programación puede abrir una puerta; mantenerla abierta depende también de lo que hace el público después, cuando busca el catálogo, asiste a otra fecha o comparte una grabación con alguien que todavía no conoce al grupo.
Rock al Parque terminó el 23 de junio, pero quedan muchas formas de continuar la escucha. Regresar a Wake the Dead, explorar las grabaciones de Grito y seguir el catálogo de Madball permite revisar las diferencias que hicieron interesante aquella tarde. Los invitamos al canal de A 33 Revoluciones para conversar sobre hardcore, metal y los discos que guardan la historia de nuestras escenas. Ese recorrido del Bio merece permanecer en el archivo del festival con espacio para sus tres protagonistas.
