Recreación editorial del concierto de Madball en el escenario Bio, vista desde el público

Rock al Parque 2025: Comeback Kid, Grito y Madball en la jornada hardcore

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El lunes 23 de junio, el escenario Bio de Rock al Parque 2025 reunió una secuencia que merece recordarse con sus nombres completos: Comeback Kid, Grito y Madball. Los canadienses estaban anunciados para las cinco y cuarenta de la tarde; el turno de la banda de Medellín seguía a las seis y cuarenta y cinco; los neoyorquinos cerraban ese tramo desde las siete y cuarenta. La programación ofrecía una tarde de hardcore con distintas procedencias, y el proyecto colombiano tenía un lugar propio entre dos invitados internacionales de amplia trayectoria.

Antes habían figurado Metal Sevicia, Somer, Sin Nadie al Mando y K93 en el recorrido del Bio. Ese comienzo ayudaba a situar la jornada dentro de la música hecha en el país, mientras en los otros escenarios avanzaba el cierre del festival. La posibilidad de escoger entre tarimas es parte de Rock al Parque; también obliga a aceptar que cada asistente termina construyendo un recorrido diferente. Quedarse en el Bio significaba seguir una línea musical que tenía suficiente contenido para sostener su propia conversación.

Comeback Kid y una canción que cumple veinte años

Comeback Kid llegaba en un año significativo para Wake the Dead. El álbum fue publicado en febrero de 2005 y, dos décadas después, la banda presentó una nueva versión de la canción que le da título. Ese aniversario aporta contexto a su visita a Bogotá y permite regresar a un disco que conserva un lugar importante entre los oyentes de hardcore melódico.

Lo que me interesa de ese lenguaje es la manera en que las voces pueden abrir espacio dentro de una instrumentación muy rápida. La guitarra empuja con ataques cortos, la batería mantiene una tensión continua y, cuando aparece un coro compartido, la canción cambia de escala. Las melodías ayudan a recordar una frase sin volver liviano el acompañamiento. Esa combinación explica parte del alcance que tuvo Comeback Kid más allá de un circuito estrictamente especializado.

Escuchar Wake the Dead completo permite seguir cómo se distribuyen esas decisiones a lo largo del álbum. Sus canciones tienen la cercanía necesaria para que una frase se vuelva familiar y una instrumentación que exige atención al ritmo. Volver al disco veinte años después ayuda a reconocer ese equilibrio y a entender por qué Comeback Kid conserva una relación tan fuerte con sus oyentes. La visita de junio ofrecía un buen motivo para retomarlo con tiempo.

Grito en medio del recorrido internacional

El turno de Grito daba al bloque una perspectiva colombiana. La banda comenzó en Medellín en 1999 y su primera aparición discográfica bajo el nombre XgritoX estuvo vinculada a la recopilación Hardcore Reality – Colombia en tu cara. Esa procedencia remite a una forma de circular la música que sigue siendo valiosa para el coleccionista: compilados donde varias agrupaciones comparten un soporte y dejan constancia de una escena en un momento determinado.

Un disco de ese tipo permite escuchar relaciones. Aparecen bandas con niveles de producción diferentes, canciones que después adquieren otra versión y nombres que el oyente puede seguir durante años. El interés histórico se conserva incluso cuando la calidad de grabación es irregular. Por eso vale la pena leer los créditos y guardar estos materiales con el mismo cuidado que damos a una edición internacional más costosa.

Que Grito estuviera programado entre Comeback Kid y Madball favorecía una lectura de su recorrido dentro del género. Había un proceso de Medellín compartiendo una tarde con dos historias extranjeras, ante el público de un festival gratuito en Bogotá. Para una escena que necesita circulación entre ciudades, ese lugar ofrece una oportunidad de ampliar la escucha y darle continuidad al trabajo más allá del público que ya conoce sus canciones.

Madball en una recreación editorial basada en registros del escenario Bio de 2025
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Madball y el peso del hardcore neoyorquino

Madball aportaba otra forma de organizar la intensidad. La banda de Nueva York, encabezada por Freddy Cricien, está asociada a un hardcore donde los acentos de guitarra y batería preparan espacios para el movimiento del público. Los medios tiempos, los cortes y la voz al frente permiten seguir una estructura reconocible incluso cuando la canción utiliza muy pocos elementos.

Ese trabajo rítmico resulta especialmente interesante al lado del componente melódico de Comeback Kid. Escuchar ambas propuestas ayuda a distinguir maneras diferentes de construir un tema dentro del hardcore: cuánto espacio se deja a un coro, cómo se prepara un cambio de velocidad y de qué forma entra la voz. Grito completaba el recorrido desde su propia historia colombiana. La secuencia tenía valor porque ponía esas músicas en relación durante una misma jornada.

El balance del festival destacó este encuentro entre las tres bandas dentro de una edición organizada por Idartes. Para quienes seguimos la escena local, el dato que merece atención es el lugar concedido a una agrupación nacional en un bloque de tanta visibilidad. Esa programación puede abrir una puerta; mantenerla abierta depende también de lo que hace el público después, cuando busca el catálogo, asiste a otra fecha o comparte una grabación con alguien que todavía no conoce al grupo.

Rock al Parque terminó el 23 de junio, pero quedan muchas formas de continuar la escucha. Regresar a Wake the Dead, explorar las grabaciones de Grito y seguir el catálogo de Madball permite revisar las diferencias que hicieron interesante aquella tarde. Los invitamos al canal de A 33 Revoluciones para conversar sobre hardcore, metal y los discos que guardan la historia de nuestras escenas. Ese recorrido del Bio merece permanecer en el archivo del festival con espacio para sus tres protagonistas.

Recreación editorial de la actriz que interpreta a la Pola en el concierto de Polikarpa y sus Viciosas

Polikarpa y sus Viciosas en Rock al Parque 2025: punk bogotano con memoria

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En el regreso de Polikarpa y sus Viciosas a Rock al Parque hubo un detalle que ayuda a recordar la presentación con precisión: una actriz llevó a escena a Policarpa Salavarrieta y participó con intervenciones a lo largo del concierto. El sábado 21 de junio de 2025, el escenario Bio recibió a una banda bogotana cuya relación con el festival viene desde su primera edición. El recurso teatral enlazó el nombre del grupo con una figura histórica y permitió desarrollar el mensaje mediante algo más que las canciones.

La presentación estaba programada para las cinco y cincuenta de la tarde. Compartía jornada en el Bio con Mortalem, Okinawa Bullets, Mawiza, Sin Pudor, Parabellum y A.N.I.M.A.L., una secuencia donde convivían distintas formas de entender el peso, la protesta y la identidad latinoamericana. Dentro de ese recorrido, las Polikarpa traían una historia propia: tres décadas de punk feminista, actividad política y autogestión desde Bogotá.

La Pola dentro del concierto

La intervención de la actriz es importante porque ofrece una entrada concreta a la puesta en escena. Recuperar a Policarpa Salavarrieta en un concierto de punk vincula una memoria histórica con preguntas que el grupo ha trabajado durante años: el lugar de las mujeres, la violencia y las posibilidades de intervenir en la vida pública. La figura que da nombre a la banda podía participar en el relato escénico en vez de quedar únicamente como una referencia escrita sobre una camiseta.

El teatro también modifica la forma de organizar la atención. Una canción lleva su propio ritmo, mientras una intervención hablada puede pedir otra escucha y abrir un espacio entre los golpes de batería y la distorsión. Que la actriz apareciera en distintos momentos permitía integrar ese recurso al desarrollo de la presentación. Para mí, allí está lo más interesante de esta decisión: utilizar la duración de un concierto para construir una relación entre las canciones y una historia que vuelve a ser contada.

Esa lectura tiene sentido dentro de una banda que ha sostenido el feminismo como parte de su trabajo. Sus integrantes han descrito las dificultades de abrirse paso en escenarios dominados por hombres y la importancia del apoyo de otras mujeres para persistir. Esa experiencia da contexto al regreso de 2025. El lugar alcanzado en una tarima pública es resultado de un recorrido musical y de las condiciones que les tocó enfrentar para mantenerlo.

Un sonido que necesita que las palabras lleguen

El punk admite muchas formas de producción, pero en una propuesta de denuncia la relación entre voz e instrumentos tiene un peso particular. La guitarra puede trabajar con acordes compactos, la batería acelerar una frase y el bajo sostener la continuidad; al mismo tiempo, la letra necesita conservar una intención que el oyente pueda seguir. Esa tensión entre urgencia y claridad es una buena manera de acercarse a Polikarpa y sus Viciosas cuando se regresa a sus grabaciones.

Escuchar con atención evita que una banda política quede resumida en sus consignas. Hay decisiones de composición que hacen circular las palabras, estribillos que fijan una idea y pausas que cambian su énfasis. Me parece más provechoso seguir esos detalles que limitar el comentario a cuánto ruido producen. En el punk, la economía instrumental puede exigir tanta precisión como un arreglo más recargado, porque cada entrada y cada cambio quedan muy expuestos.

Recreación editorial de la intervención teatral de la Pola, imagen completa
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Treinta años de trabajo dentro de la escena local

La presencia de las Polikarpa en la primera edición de Rock al Parque permite trazar una relación larga con el festival. En 2025 eran parte de los invitados bogotanos junto con Don Tetto y La Derecha, aunque sus conciertos ocurrieron en jornadas y escenarios diferentes. Esa precisión importa: la memoria de una edición se construye conservando quién tocó, dónde lo hizo y qué propuesta presentó.

También importa cómo se cuenta una trayectoria de esa duración. Hay agrupaciones que permanecen durante años gracias a formas de trabajo que rara vez caben en un cartel: ensayar, producir material, organizar conciertos, sostener vínculos y resolver cómo circular fuera de la ciudad. En el caso de las Polikarpa, la autogestión y el activismo ayudan a entender la continuidad de una propuesta que se ha abierto camino dentro y fuera de Colombia.

El festival organizado por Idartes ofrecía un espacio para que esa historia llegara a públicos distintos del circuito punk habitual. Una presentación de entrada libre puede reunir a seguidores antiguos y a personas que escuchan a una banda por primera vez. Para el grupo, ese encuentro permite volver a poner sus canciones en circulación; para el oyente nuevo, deja la posibilidad de seguir el catálogo y buscar los lugares donde esa música se mantiene activa durante el resto del año.

La escena bogotana necesita esa continuidad. Después de la tarima grande vienen los conciertos pequeños, los ensayos y las nuevas grabaciones, y allí se comprueba si el interés despertado durante el festival se convirtió en una relación más duradera. Volver a escuchar a Polikarpa y sus Viciosas, leer sus letras y seguir sus publicaciones directas es una manera de prolongar lo que su regreso puso en discusión.

En A 33 Revoluciones nos interesa conversar sobre esas historias con tiempo para la música y para quienes la hacen. Los invitamos a visitar nuestro canal de YouTube y seguir el podcast. La presentación de junio de 2025 merece conservarse por sus decisiones escénicas y por el recorrido de una banda que ha dado al punk colombiano una voz reconocible desde Bogotá.

Recreación editorial de Black Pantera en el escenario Eco, vista desde lejos

Black Pantera en Rock al Parque 2025: bajo, groove y un debut para seguir escuchando

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Entre los debuts internacionales de Rock al Parque 2025, Black Pantera ofrecía una razón para apartarse del recorrido más previsible del sábado. El trío de Uberaba, Brasil, estaba anunciado para el escenario Eco el 21 de junio, a las seis y media de la tarde, después de Keep the Rage. Su propuesta reunía metal, punk y un trabajo rítmico donde el bajo tiene una presencia decisiva. Para un festival que permite descubrir bandas sin comprar una entrada, esa visita era una oportunidad de escuchar un proyecto con identidad propia y luego llevarlo a la conversación de los discos.

El grupo nació en 2014 por iniciativa de los hermanos Charles Gama, cantante y guitarrista, y Chaene da Gama, bajista y encargado de coros. Rodrigo “Pancho” Augusto completa la formación en batería. Esa distribución de funciones permite entender el sonido antes de recurrir a una lista de influencias: una guitarra debe sostener la armonía y el ataque, el bajo puede ocupar un espacio mucho más activo, y la batería organiza el movimiento entre los dos instrumentos.

Un bajo que cambia la manera de escuchar al trío

Uno de los momentos registrados del concierto fue el homenaje de Chaene a Cliff Burton mediante “(Anesthesia) – Pulling Teeth”. El gesto tenía una referencia reconocible para los seguidores de Metallica, pero también ayudaba a situar el papel del instrumento dentro de Black Pantera. Darle ese lugar al bajo en una presentación de metal permite que el público atienda a timbres y articulaciones que a veces quedan ocultos detrás de la guitarra.

La técnica de slap forma parte del vocabulario del bajista. Su ataque produce un golpe percutivo que se incorpora al ritmo y modifica la relación con la batería. En un trío, cada silencio de la guitarra puede dejar al descubierto esa conversación; cada regreso del riff vuelve a reunir los instrumentos sobre el pulso. Allí aparece buena parte del atractivo de Black Pantera para quien disfruta seguir una línea de bajo sin dejar de escuchar la canción completa.

Me interesa ese equilibrio porque el virtuosismo instrumental se vuelve más significativo cuando organiza lo que sucede alrededor. Un bajista puede llenar muchos espacios, pero el verdadero efecto está en cómo esas notas sostienen o desplazan el acento, permiten respirar a la voz y preparan el siguiente cambio. Black Pantera invita a esa escucha por capas, aun cuando su música conserva la rapidez de respuesta que asociamos con el punk y el hardcore.

Las canciones detrás del descubrimiento

La banda llegó a Bogotá con Perpétuo, publicado en 2024, dentro de su catálogo. Ese álbum ofrece una continuación útil para el interés que despertó su presentación. Escucharlo en orden permite familiarizarse con el intercambio entre voz, guitarra y sección rítmica, y reconocer cuándo el grupo utiliza la densidad del metal o abre espacio para un movimiento más cercano al funk.

En casa, el disco permite seguir al trío sin la distracción que puede producir una imagen tan fuerte como la de un bajista saltando sobre la tarima. Allí queda la relación entre los instrumentos y la voz, con tiempo para volver sobre una transición o reconocer un acento que pasó rápido. El homenaje a Burton puede despertar la curiosidad inicial; el catálogo ofrece más motivos para conservar el nombre de Black Pantera entre las bandas que queremos seguir escuchando.

Recreación editorial de Black Pantera en encuadre completo
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Un debut con discurso propio

Black Pantera también llevó al festival mensajes contra el racismo, la exclusión y la violencia. En el trabajo de tres músicos negros brasileños, esos asuntos forman parte de una posición sostenida desde la banda. La cercanía entre el metal y la denuncia social tiene aquí una dimensión concreta: quiénes ocupan el escenario, desde qué ciudad llegan y qué experiencias ponen en sus canciones.

El idioma portugués añadía otro matiz dentro de una programación con una amplia presencia latinoamericana. A menudo, los recorridos habituales por el rock de la región se concentran en lo que se canta en español y dejan a Brasil asociado a unos pocos nombres conocidos. Un debut como este sirve para ampliar la escucha y recordar que hay circuitos, músicos y discursos que merecen un seguimiento más allá de la primera curiosidad.

Su lugar después de Keep the Rage también merece atención. La agrupación bogotana formaba parte de las propuestas distritales seleccionadas para esta edición y tuvo un turno avanzado en la tarde, antes del cierre internacional del Eco. Esa programación permitía que una audiencia atraída por Black Pantera encontrara antes un proyecto de la ciudad. Para las bandas locales, compartir ese recorrido con un invitado internacional puede ser una ocasión de llegar a personas que todavía no las han escuchado.

El interés que provoca un estreno debería poder seguirse unas semanas después. En mi caso, el criterio es sencillo: volver al catálogo, leer los créditos y buscar las publicaciones directas de la banda. Así se comprende mejor una propuesta que en el cartel cabe en una sola línea. También se evita convertir al grupo en una anécdota de festival, por vistoso que haya sido un solo de bajo o por reconocible que resulte su referencia a Metallica.

Para continuar ese recorrido, vale la pena escuchar Perpétuo prestando atención a la sección rítmica y regresar luego a las grabaciones anteriores del trío. En el canal de A 33 Revoluciones seguimos conversando sobre los discos que dejan ganas de buscar más música y sobre los espacios que los acercan a Bogotá. El debut de Black Pantera pertenece a esas visitas cuyo interés crece cuando el oyente sigue al grupo después de abandonar el parque.

Recreación editorial de Hirax en el escenario Plaza, desde un punto distante

Hirax en Rock al Parque 2025: Katon de Pena y el oficio del thrash

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Hirax tenía un lugar especialmente atractivo en el sábado de Rock al Parque 2025. La banda californiana llegaba al escenario Plaza con décadas de trayectoria y un álbum recién publicado, Faster Than Death. El 21 de junio, Katon W. de Pena encabezó una presentación que puso el thrash y su cercanía con el hardcore dentro de una jornada donde también convivieron el metal colombiano, el black/death de Belphegor y el cierre de Dismember. Había bastantes formas de entender la música pesada en un mismo cartel, y Hirax aportaba una de las más inmediatas.

Esa inmediatez tiene mucho que ver con la voz. Katon ha sostenido un registro reconocible que corta por encima de la guitarra, con gritos agudos y una manera de acentuar las frases que se resiste a quedar escondida en la mezcla. Su canto ayuda a distinguir a Hirax incluso cuando comparte velocidad y vocabulario instrumental con otras bandas. Para un oyente que se acerca al thrash por primera vez, es un buen punto de orientación: seguir la voz permite encontrar el carácter del grupo antes de aprender nombres de discos o clasificaciones.

Un concierto con trabajo reciente detrás

La presencia en Bogotá coincidió con el lanzamiento del sexto álbum de Hirax. Faster Than Death salió el 28 de febrero de 2025 por Armageddon Label, con producción, mezcla y masterización de Max Norman. El disco reúne nueve cortes y mantiene una duración contenida, una elección que resulta coherente con canciones que entran pronto al riff y administran su desarrollo en pocos minutos.

Hay bastante información musical en esa brevedad. Un tema rápido necesita que el cambio de sección se entienda, que la batería deje claro dónde empieza el siguiente golpe y que la guitarra tenga algo que decir además de tocar más notas. Cuando la composición funciona, el oyente puede retener una parte después de una primera escucha y reconocerla al volver al álbum. Hirax trabaja en ese terreno de ataques compactos, frases que se repiten con intención y voces que señalan el recorrido.

El título “Relentless” y la nueva grabación de “Warlord’s Command” son buenas referencias para explorar el material de estudio. Esta última recupera una canción de Raging Violence, publicado en 1985, y permite escuchar cómo la banda relaciona su primer catálogo con el trabajo de 2025. El regreso a una composición temprana también invita a revisar el debut entero, con sus canciones breves y esa voz que ya daba a Hirax un carácter reconocible.

La diferencia entre grabar y salir de gira

Los créditos del disco también dejan ver una distinción que suele perderse cuando se habla de una banda veterana. La grabación contó con Katon en la voz, Neil Metcalf en guitarra y bajo, y Danny Walker en batería. Para la gira, el sello identificó a Allan Chan en guitarra, José González en bajo y Emilio Márquez en batería junto al cantante. Un mismo proyecto puede organizar de forma diferente su trabajo en estudio y su actividad sobre las tarimas.

Ese dato ayuda a valorar la continuidad sin suponer que todos los participantes de un disco son los músicos de cada concierto. En Hirax, el vínculo reconocible pasa por la voz de Katon, el tipo de composición y la dirección musical. A su alrededor hay un trabajo colectivo que merece atención, sobre todo en un género donde una entrada de batería o un corte mal resuelto puede desarmar una canción de apenas dos minutos.

Recreación editorial de Hirax, encuadre completo de la misma imagen
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El lugar de Hirax en el Plaza

La programación del sábado situó a Hirax dentro del tramo internacional del escenario principal, después de la participación de bandas colombianas y antes de Belphegor y Dismember. Para un festival organizado por Idartes, reunir ese recorrido en una jornada de entrada libre permite conectar públicos que habitualmente se encuentran en circuitos y salas diferentes. La historia del thrash estadounidense podía escucharse en el mismo espacio que procesos de Bogotá y Medellín.

Katon llevó ese encuentro hasta el público: al final de su presentación bajó de la tarima y se lanzó hacia los asistentes. El cantante volvía a ocupar un lugar central en la relación de Hirax con sus seguidores, esta vez fuera del escenario. La visita también tenía una continuación inmediata en las grabaciones, porque bastaba buscar Faster Than Death para reconocer qué estaba haciendo la banda en 2025 y seguir la escucha después del festival.

En casa, me gusta escuchar un disco tan corto de principio a fin. La duración obliga a notar detalles que pueden pasar de largo dentro de una lista de reproducción: dónde descansa la batería, cuánto dura un riff antes de cambiar y qué canción deja un espacio distinto a la voz. Volver después a Raging Violence permite seguir la relación entre las primeras composiciones y el vocabulario que Hirax mantiene. Esa comparación se vuelve más útil cuando se escuchan álbumes completos y se evita saltar solamente entre los temas más conocidos.

Para el coleccionista, los créditos de Faster Than Death son además una buena lectura de carpeta. Productor, músicos de estudio y músicos de gira cuentan partes diferentes del trabajo. Revisarlos prolonga el interés de una visita como la de Rock al Parque y recuerda que detrás del nombre impreso en el cartel hay decisiones de grabación, ensayos y una formación preparada para tocar esas canciones.

Quienes quieran seguir hablando de thrash, discos físicos y conciertos en Colombia pueden pasar por el canal de A 33 Revoluciones. Hirax dejó un motivo concreto para esa conversación: una trayectoria larga que en junio de 2025 todavía tenía música reciente para poner sobre la mesa.

Recreación editorial de Dismember sobre el escenario Plaza, vista desde lejos

Dismember en Rock al Parque 2025: el cierre sueco del sábado metalero

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El debut de Dismember en Rock al Parque quedó reservado para el último turno del escenario Plaza, el sábado 21 de junio. Después de una jornada que había reunido distintas generaciones del metal colombiano y nombres internacionales como Hirax y Belphegor, los suecos cerraron con un repertorio que permitía recorrer buena parte de su historia. Para quienes conservan sus discos, aquella visita tenía un interés particular: escuchar en un festival público de Bogotá canciones que durante años habían circulado en ediciones importadas, copias de intercambio y recomendaciones entre amigos.

La programación anunciaba su presentación a las nueve de la noche. El lugar que ocupaban en el cartel reconocía el peso de una banda fundamental para el death metal de Estocolmo, pero también abría una posibilidad bastante concreta: que alguien llegara por curiosidad, sin conocer una portada ni haber comprado una boleta, y se encontrara con ese sonido. Esa clase de acceso sigue siendo una de las razones para defender Rock al Parque. Una agrupación de culto puede tener allí una audiencia que desborda a sus seguidores habituales.

Un repertorio con varias entradas al catálogo

El registro del concierto incluye “Pieces”, “Soon to Be Dead”, “Casket Garden”, “Skin Her Alive” y “Dreaming in Red”, entre otras canciones. La selección reunía material del debut, de Indecent & Obscene y de Massive Killing Capacity, además de piezas de otras etapas. Conviene detenerse en esa variedad porque Dismember suele quedar reducido, en conversaciones rápidas sobre el género, al prestigio de Like an Ever Flowing Stream.

Publicado en 1991, aquel primer álbum ofrece una entrada extraordinaria a la banda. Sus guitarras tienen una aspereza que deja las notas pegadas entre sí, mientras los cambios de batería mantienen el movimiento dentro de esa masa de distorsión. El trabajo fue grabado en Sunlight Studios con Thomas Skogsberg, un dato útil para entender su lugar dentro de una escena que estaba definiendo una forma reconocible de producir metal extremo. Sin embargo, escucharlo como una receta de equipo y pedales deja por fuera lo principal: las canciones y la manera en que están construidas.

“Soon to Be Dead” y “Skin Her Alive” permiten seguir esa escritura de cerca. Hay ataques breves, aceleraciones y pasajes donde el riff se sostiene lo suficiente para volverse familiar antes de que la banda cambie de dirección. La voz gutural se integra a la textura instrumental sin borrar el pulso. Es una música que admite la escucha atenta y también explica por qué una audiencia puede reconocerla de inmediato en una tarima grande.

La melodía dentro de la distorsión

“Dreaming in Red” merece un espacio propio en este recorrido. Su presencia en el concierto recuperaba una de las facetas más atractivas de Dismember: el uso de melodías que conservan una sensación sombría, incluso cuando el dibujo de la guitarra resulta fácil de seguir. A mí me interesa especialmente esa capacidad de dejar una frase rondando en la cabeza después de una canción abrasiva. La memoria del oyente se aferra a un motivo pequeño y, desde allí, vuelve al resto del tema.

Massive Killing Capacity, de 1995, ampliaba ese territorio. “Casket Garden” y “On Frozen Fields”, también recogidas en el registro del sábado, muestran por qué vale la pena regresar a ese disco con tiempo. El fraseo, los medios tiempos y las guitarras que se contestan entre sí dan otra perspectiva del grupo. En una colección, tener varios títulos de Dismember permite seguir esas decisiones; comprar únicamente el debut deja una parte importante de la conversación pendiente.

Recreación editorial de la presentación de Dismember en formato completo
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Dismember dentro de una jornada con historia colombiana

La visita ocurrió en un sábado que también contó con Herejía, Tenebrarum, Reencarnación, Devasted y Somberspawn en el Plaza. Cada nombre llegaba desde un proceso diferente, y esa convivencia ayudaba a leer el cartel con más cuidado. Había trayectorias colombianas de larga duración y proyectos distritales compartiendo una jornada con referentes que han influido sobre músicos de muchas ciudades.

Resulta tentador medir un festival únicamente por el invitado que cierra. En este caso, el recorrido previo daba motivos para prestar atención a cómo se había formado la audiencia de ese cierre. Un seguidor de Reencarnación podía terminar frente a Dismember; alguien atraído por los suecos podía descubrir a una banda bogotana unas horas antes. Esa circulación tiene valor cuando continúa después del festival, con una búsqueda de grabaciones, una compra directa o la asistencia a un concierto de menor aforo.

La primera presentación de Dismember en Rock al Parque puso ese catálogo al alcance de una ciudad con una relación larga con el metal extremo. El cierre del Plaza reunía canciones de distintas épocas y dejaba espacio para reconocer la continuidad del grupo, desde los primeros discos hasta trabajos posteriores. Para mí, la presencia de material de varios álbumes hacía especialmente interesante el repertorio: permitía seguir a la banda más allá de la canción que cada seguidor llevaba como favorita.

Para seguir este recorrido en casa, pondría primero Like an Ever Flowing Stream y después Massive Killing Capacity, dejando que cada álbum termine antes de pasar al siguiente. Quien tenga una edición en vinilo puede aprovechar el cambio de cara para reconocer cómo se distribuye la tensión entre las canciones. Y si quiere conversar sobre esos discos, las reediciones y el metal que llega a Bogotá, lo esperamos en el canal de A 33 Revoluciones. El sábado dejó una buena razón para volver a Dismember con los oídos puestos en todo su catálogo.