Recreación editorial de Hirax en el escenario Plaza, desde un punto distante

Hirax en Rock al Parque 2025: Katon de Pena y el oficio del thrash

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Hirax tenía un lugar especialmente atractivo en el sábado de Rock al Parque 2025. La banda californiana llegaba al escenario Plaza con décadas de trayectoria y un álbum recién publicado, Faster Than Death. El 21 de junio, Katon W. de Pena encabezó una presentación que puso el thrash y su cercanía con el hardcore dentro de una jornada donde también convivieron el metal colombiano, el black/death de Belphegor y el cierre de Dismember. Había bastantes formas de entender la música pesada en un mismo cartel, y Hirax aportaba una de las más inmediatas.

Esa inmediatez tiene mucho que ver con la voz. Katon ha sostenido un registro reconocible que corta por encima de la guitarra, con gritos agudos y una manera de acentuar las frases que se resiste a quedar escondida en la mezcla. Su canto ayuda a distinguir a Hirax incluso cuando comparte velocidad y vocabulario instrumental con otras bandas. Para un oyente que se acerca al thrash por primera vez, es un buen punto de orientación: seguir la voz permite encontrar el carácter del grupo antes de aprender nombres de discos o clasificaciones.

Un concierto con trabajo reciente detrás

La presencia en Bogotá coincidió con el lanzamiento del sexto álbum de Hirax. Faster Than Death salió el 28 de febrero de 2025 por Armageddon Label, con producción, mezcla y masterización de Max Norman. El disco reúne nueve cortes y mantiene una duración contenida, una elección que resulta coherente con canciones que entran pronto al riff y administran su desarrollo en pocos minutos.

Hay bastante información musical en esa brevedad. Un tema rápido necesita que el cambio de sección se entienda, que la batería deje claro dónde empieza el siguiente golpe y que la guitarra tenga algo que decir además de tocar más notas. Cuando la composición funciona, el oyente puede retener una parte después de una primera escucha y reconocerla al volver al álbum. Hirax trabaja en ese terreno de ataques compactos, frases que se repiten con intención y voces que señalan el recorrido.

El título “Relentless” y la nueva grabación de “Warlord’s Command” son buenas referencias para explorar el material de estudio. Esta última recupera una canción de Raging Violence, publicado en 1985, y permite escuchar cómo la banda relaciona su primer catálogo con el trabajo de 2025. El regreso a una composición temprana también invita a revisar el debut entero, con sus canciones breves y esa voz que ya daba a Hirax un carácter reconocible.

La diferencia entre grabar y salir de gira

Los créditos del disco también dejan ver una distinción que suele perderse cuando se habla de una banda veterana. La grabación contó con Katon en la voz, Neil Metcalf en guitarra y bajo, y Danny Walker en batería. Para la gira, el sello identificó a Allan Chan en guitarra, José González en bajo y Emilio Márquez en batería junto al cantante. Un mismo proyecto puede organizar de forma diferente su trabajo en estudio y su actividad sobre las tarimas.

Ese dato ayuda a valorar la continuidad sin suponer que todos los participantes de un disco son los músicos de cada concierto. En Hirax, el vínculo reconocible pasa por la voz de Katon, el tipo de composición y la dirección musical. A su alrededor hay un trabajo colectivo que merece atención, sobre todo en un género donde una entrada de batería o un corte mal resuelto puede desarmar una canción de apenas dos minutos.

Recreación editorial de Hirax, encuadre completo de la misma imagen
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El lugar de Hirax en el Plaza

La programación del sábado situó a Hirax dentro del tramo internacional del escenario principal, después de la participación de bandas colombianas y antes de Belphegor y Dismember. Para un festival organizado por Idartes, reunir ese recorrido en una jornada de entrada libre permite conectar públicos que habitualmente se encuentran en circuitos y salas diferentes. La historia del thrash estadounidense podía escucharse en el mismo espacio que procesos de Bogotá y Medellín.

Katon llevó ese encuentro hasta el público: al final de su presentación bajó de la tarima y se lanzó hacia los asistentes. El cantante volvía a ocupar un lugar central en la relación de Hirax con sus seguidores, esta vez fuera del escenario. La visita también tenía una continuación inmediata en las grabaciones, porque bastaba buscar Faster Than Death para reconocer qué estaba haciendo la banda en 2025 y seguir la escucha después del festival.

En casa, me gusta escuchar un disco tan corto de principio a fin. La duración obliga a notar detalles que pueden pasar de largo dentro de una lista de reproducción: dónde descansa la batería, cuánto dura un riff antes de cambiar y qué canción deja un espacio distinto a la voz. Volver después a Raging Violence permite seguir la relación entre las primeras composiciones y el vocabulario que Hirax mantiene. Esa comparación se vuelve más útil cuando se escuchan álbumes completos y se evita saltar solamente entre los temas más conocidos.

Para el coleccionista, los créditos de Faster Than Death son además una buena lectura de carpeta. Productor, músicos de estudio y músicos de gira cuentan partes diferentes del trabajo. Revisarlos prolonga el interés de una visita como la de Rock al Parque y recuerda que detrás del nombre impreso en el cartel hay decisiones de grabación, ensayos y una formación preparada para tocar esas canciones.

Quienes quieran seguir hablando de thrash, discos físicos y conciertos en Colombia pueden pasar por el canal de A 33 Revoluciones. Hirax dejó un motivo concreto para esa conversación: una trayectoria larga que en junio de 2025 todavía tenía música reciente para poner sobre la mesa.

Recreación editorial de Dismember sobre el escenario Plaza, vista desde lejos

Dismember en Rock al Parque 2025: el cierre sueco del sábado metalero

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El debut de Dismember en Rock al Parque quedó reservado para el último turno del escenario Plaza, el sábado 21 de junio. Después de una jornada que había reunido distintas generaciones del metal colombiano y nombres internacionales como Hirax y Belphegor, los suecos cerraron con un repertorio que permitía recorrer buena parte de su historia. Para quienes conservan sus discos, aquella visita tenía un interés particular: escuchar en un festival público de Bogotá canciones que durante años habían circulado en ediciones importadas, copias de intercambio y recomendaciones entre amigos.

La programación anunciaba su presentación a las nueve de la noche. El lugar que ocupaban en el cartel reconocía el peso de una banda fundamental para el death metal de Estocolmo, pero también abría una posibilidad bastante concreta: que alguien llegara por curiosidad, sin conocer una portada ni haber comprado una boleta, y se encontrara con ese sonido. Esa clase de acceso sigue siendo una de las razones para defender Rock al Parque. Una agrupación de culto puede tener allí una audiencia que desborda a sus seguidores habituales.

Un repertorio con varias entradas al catálogo

El registro del concierto incluye “Pieces”, “Soon to Be Dead”, “Casket Garden”, “Skin Her Alive” y “Dreaming in Red”, entre otras canciones. La selección reunía material del debut, de Indecent & Obscene y de Massive Killing Capacity, además de piezas de otras etapas. Conviene detenerse en esa variedad porque Dismember suele quedar reducido, en conversaciones rápidas sobre el género, al prestigio de Like an Ever Flowing Stream.

Publicado en 1991, aquel primer álbum ofrece una entrada extraordinaria a la banda. Sus guitarras tienen una aspereza que deja las notas pegadas entre sí, mientras los cambios de batería mantienen el movimiento dentro de esa masa de distorsión. El trabajo fue grabado en Sunlight Studios con Thomas Skogsberg, un dato útil para entender su lugar dentro de una escena que estaba definiendo una forma reconocible de producir metal extremo. Sin embargo, escucharlo como una receta de equipo y pedales deja por fuera lo principal: las canciones y la manera en que están construidas.

“Soon to Be Dead” y “Skin Her Alive” permiten seguir esa escritura de cerca. Hay ataques breves, aceleraciones y pasajes donde el riff se sostiene lo suficiente para volverse familiar antes de que la banda cambie de dirección. La voz gutural se integra a la textura instrumental sin borrar el pulso. Es una música que admite la escucha atenta y también explica por qué una audiencia puede reconocerla de inmediato en una tarima grande.

La melodía dentro de la distorsión

“Dreaming in Red” merece un espacio propio en este recorrido. Su presencia en el concierto recuperaba una de las facetas más atractivas de Dismember: el uso de melodías que conservan una sensación sombría, incluso cuando el dibujo de la guitarra resulta fácil de seguir. A mí me interesa especialmente esa capacidad de dejar una frase rondando en la cabeza después de una canción abrasiva. La memoria del oyente se aferra a un motivo pequeño y, desde allí, vuelve al resto del tema.

Massive Killing Capacity, de 1995, ampliaba ese territorio. “Casket Garden” y “On Frozen Fields”, también recogidas en el registro del sábado, muestran por qué vale la pena regresar a ese disco con tiempo. El fraseo, los medios tiempos y las guitarras que se contestan entre sí dan otra perspectiva del grupo. En una colección, tener varios títulos de Dismember permite seguir esas decisiones; comprar únicamente el debut deja una parte importante de la conversación pendiente.

Recreación editorial de la presentación de Dismember en formato completo
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Dismember dentro de una jornada con historia colombiana

La visita ocurrió en un sábado que también contó con Herejía, Tenebrarum, Reencarnación, Devasted y Somberspawn en el Plaza. Cada nombre llegaba desde un proceso diferente, y esa convivencia ayudaba a leer el cartel con más cuidado. Había trayectorias colombianas de larga duración y proyectos distritales compartiendo una jornada con referentes que han influido sobre músicos de muchas ciudades.

Resulta tentador medir un festival únicamente por el invitado que cierra. En este caso, el recorrido previo daba motivos para prestar atención a cómo se había formado la audiencia de ese cierre. Un seguidor de Reencarnación podía terminar frente a Dismember; alguien atraído por los suecos podía descubrir a una banda bogotana unas horas antes. Esa circulación tiene valor cuando continúa después del festival, con una búsqueda de grabaciones, una compra directa o la asistencia a un concierto de menor aforo.

La primera presentación de Dismember en Rock al Parque puso ese catálogo al alcance de una ciudad con una relación larga con el metal extremo. El cierre del Plaza reunía canciones de distintas épocas y dejaba espacio para reconocer la continuidad del grupo, desde los primeros discos hasta trabajos posteriores. Para mí, la presencia de material de varios álbumes hacía especialmente interesante el repertorio: permitía seguir a la banda más allá de la canción que cada seguidor llevaba como favorita.

Para seguir este recorrido en casa, pondría primero Like an Ever Flowing Stream y después Massive Killing Capacity, dejando que cada álbum termine antes de pasar al siguiente. Quien tenga una edición en vinilo puede aprovechar el cambio de cara para reconocer cómo se distribuye la tensión entre las canciones. Y si quiere conversar sobre esos discos, las reediciones y el metal que llega a Bogotá, lo esperamos en el canal de A 33 Revoluciones. El sábado dejó una buena razón para volver a Dismember con los oídos puestos en todo su catálogo.